Instrucciones para puertas

¿Cuántas veces nos hemos visto bloqueados porque no hemos sabido si tirar o empujar a la hora de abrir una puerta? ¿O la de veces que yendo al baño de algún sitio público no hemos sabido cerrar como es debido y nos han sorprendido en ese momento tan íntimo? ¿Y las tantas otras que hemos llegado a altas horas de la madrugada después de una larga noche de haber consumido en exceso bebidas etílicas y hemos confundido nuestra puerta con la del vecino, creando el caos más abrupto en nuestro querido rellano? Todo esto no nos pasaría si en nuestros centros educativos se impartiese asignaturas con contenido útil para el día a día, como el de un manual acompañado de clases magistrales para aprender a tratar con puertas sin necesidad de errar en el intento. Algunos pensareis que es una estupidez, pero no nos parece tan imbécil la idea, cuando recurrimos a los papiros indescifrables llamados por tradición milenaria en occidente, instrucciones. Estos benditos pergaminos, escritos muchas veces en lenguaje neandertal o incluso en auténticos jeroglíficos egipcios, suelen haber sido desarrollados por el departamento de creativos e iluminados de una multinacional sueca de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero gracias a ellos, podemos montar los cuatro listones de madera que una vez unidos conforman nuestra querida estantería Billy. Por ello y visto que a día de hoy el gobierno no tiene previsto llevar esta medida a cabo, os proporciono las instrucciones necesarias para que no caigáis en los errores habituales descritos anteriormente.

En primer lugar debemos analizar el tipo de puerta que nos encontramos en nuestro camino. Es muy importante saber de dónde procede la madera, ya que dependiendo del tipo de ésta su peso variará y la fuerza que realicemos al empujar deberá ser mayor o menor. Por tanto, si nos topamos con una puerta de un grosor mediano con madera de abedul, tendremos que efectuar una fuerza intermedia. Pero claro, la cosa cambia cuando nos topamos con una de roble. Éstas a simple vista parecen poca cosa, pero no os engañéis, tras esas bisagras relucientes se esconde un ser maligno capaz de hacer sacar a la luz el lado culturista, que no confundir con cultural, que encerramos en esa coraza de cuerpo esmirriado que tenemos. El mundo de la industria maderera es infinito, así que lo mejor es que vayáis probando las densidades y el peso con reiteradas prácticas hasta que cojáis soltura e identificarlas no os suponga un gran esfuerzo, consiguiendo que os salga todo por arte de magia. Resulta obvio que hay muchos materiales y no todos se componen de difuntos arboles. Por ello, a la hora de analizar las características prestad mucha atención. Una vez dominéis la técnica con soltura y seáis capaces de evitar daros de bruces con las puertas de cristal y de efectuar el empuje con la misma soltura que tenia Cervantes con su pluma, estaréis capacitados para pasar al siguiente nivel.

En este nivel dejaremos las densidades y texturas a un lado para ir más allá. Ahora procederemos a centrarnos en el tipo al cual pertenecen. Es decir, si se trata de una puerta corredera, una automática, una normal, una que se abre para adentro o viceversa. Este punto es básico pero a la vez esencial, para que no se den esas situaciones cargadas de tensión al no saber si el movimiento de la muñeca acompañado del ángulo del brazo ejecutor se debe realizar hacia el lado izquierdo o derecho. Con las puertas automáticas no tenemos ningún problema puesto que la acción que debemos hacer es muy básica, basta con ponernos delante de ella y se abrirá rápidamente. Pero la cosa es bien distinta si se trata de una  puerta corredera. Éstas a simple vista son muy traicioneras porque se disfrazan de puertas corrientes y cuando uno tiende a empujar y efectuar el movimiento común de apertura nos topamos con que ella ni se inmuta. Es muy importante que nos fijemos bien y sepamos distinguirlas, por más que su atuendo de camuflaje bélico deje en entredicho el tipo de puerta que es. Cuando nos dirijamos a ella mirémosle fríamente al pomo, alternando la mirada con su ranura de apertura. Una vez la tengamos ya domesticada, pongamos nuestro brazo en un ángulo de 90º con respecto a nuestro cuerpo y deslicémoslo hacia el lado que corresponda, izquierdo o derecho, con suma suavidad.

Con estas nociones ya estáis preparados para afrontar el día a día llamando a todas las puertas habidas por haber. Ahora gracias a vuestra facilidad para abrirlas podréis encontrar ese trabajo deseado en estos tiempos tan duros que corren. Por último, mencionaros que algunas puertas pueden que se os resistan más de lo debido, ya que las custodian personas llenas de afabilidad. Estos guardianes siempre permanecen alerta, bloquean entradas y te invitan, amablemente eso sí, a irte a tomar por culo por no llevar la vestimenta adecuada. Os hablo evidentemente de los porteros de locales, contra estos por desgracia no hay instrucciones, ni creo que las haya hasta que desarrollemos un lenguaje para poder comunicarnos con primates. Pero aún así, os invito a que probéis a usar el sentido común y la coherencia, hablando en sus neolenguas macarriles para llegar en lo más hondo de sus pueriles corazones y así intentar acceder, después de haber guardado respetuosamente la cola, al bar deseado.

Anuncios
Comments
One Response to “Instrucciones para puertas”
  1. Tanta complicación para describir el estire-empuje XD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: